viernes, mayo 12, 2017

Cañadío (Santander)



 
La segunda noche de nuestro fin de semana en Santander poco nos movimos con respecto a la primera ya que Cañadío está a poco más de 100 metros de la Bodega Cigaleña 





 
Al entrar en el comedor reconocimos el local y nos acordamos de que ya habíamos estado allí hace
casi 20 años y curiosamente de aquella cenamos un sábado solos, todo lo contrario a esta vez en la que el lleno era absoluto.
 


 
Después de pedir la comanda nos pusieron un aperitivo de la casa consistente en un salmorejo con lascas de atún, muy rico y perfecto para la calurosa, para ser abril, noche santanderina.




Como esta vez sí teníamos intención de tomar postre, de entrante solo pedimos las anchoas de Santoña, 15,50€.  Realmente notable su calidad, pero la cantidad para lo cobrado se antoja escasa…




 
Para los platos principales pedimos los pescados del día y le dimos al chef la libertad a la hora de prepararlos. El  lenguado, 24€, bien de cantidad y perfecto de punto y jugosidad. Nada novedoso y ni falta que le hacía.



 
Lo mismo se puede decir de la lubina, 24€. En este caso tal vez algo escasa en cantidad pero con las mismas virtudes que el lenguado. Muy bien ambos.




 
Habíamos leído que la tarta de queso, 7,50€, en esta casa era magnífica. Doy fe. De las mejores que El Seto de Motilla del Palancar y de prueba obligatoria. Magnífica.
recuerdo junto con la del restaurante




Si llegamos a saber que la tarta de queso venía acompañada de una bola de helado de queso no hubiésemos pedido también el helado de queso de Liébana. 7,50€. Y no porque no estuviera muy bueno, que lo estaba, sino porque pidiendo la tarta pruebas ambas cosas.




La carta de vinos, bastante bien en tintos y muy escasa en blancos, típico fallo de tantos restaurantes. Tomamos un De Ladoucette 2013, Pouilly-Fumé, 38,50€.

El pan, de varios tipos, 2€ p/p, muy bueno y sin racanearlo. Servicio joven pero bien adiestrado y mención especial a la cocina que sacó los platos rapidísimo y más teniendo en cuenta el llenazo del comedor.




La página web, como tantas otras de restaurantes, carece de lo más importante que son las cartas. Detalle a revisar.

Otra buena velada en un restaurante santanderino, con cocina reconocible, sabrosa y placentera. Eso sí, tal vez deberían revisar algunas raciones muy parcas y mejorar la carta de vinos.De todas formas, recomendado.


Cañadío

Gómez Oreña, 15, 39003 Santander
942 31 41 49  www,restaurantecanadio.com


viernes, abril 28, 2017

Bodega Cigaleña (Santander)




Poco necesario es que haga una introducción de la Bodega Cigaleña. Seguro que el lector conoce este auténtico templo y museo del vino en el centro de Santander, visita ineludible del aficionado a este mundillo.

 
Las dos noches que pasé en la ciudad en ambas nos acercamos hasta allí y en una de ellas cenamos. Da gusto poder tomarse por copas vinos poco habituales como los blancos de Jerez, Saboya, Borgoña y Rioja que probamos en su barra.




 En cambio, por lo observado durante los 90 minutos en total que aproximadamente pasamos en la
barra durante las dos noches, por lo menos el 90% de la clientela lo que pidió fue un Rioja crianza o un verdejo. Así, genéricamente. A lo peor fue casualidad pero hace reflexionar sobre que el gran público en general está a otra cosa y no precisamente muy interesado en probar vinos distintos de lo “habitual”.


 
El comedor, al igual que todo el local, es como un museo y estar allí es todo un contraste con esos tan habituales comedores minimalistas que tanto se llevan en otros restaurantes. Eso sí, las sillas son bastante incómodas y creo que merecen una renovación.



 

Una vez ojeada la carta pedimos solo una entrada y estando en Santander no nos pudimos resistir a que fueran unas rabas, 14€, impecables.



 
Como platos principales probamos la carne y el pescado. La carne fue una pintada de Bresse, 18€, estofada y perfecta en todos los sentidos y acompañada de unas excelentes verduras.




 
El pescado fue mero, 25€, si no recuerdo mal hecho a la brasa, excelente en jugosidad y punto. Un
pero, que tal vez la ración era un poco escasa. También venía con las verduras.



No tomamos postre y el pan, de buena calidad, 1,80€ p/p.
  
Qué decir de la carta de vinos… No es que sea enciclopédica, ni falta que hace, pero tiene una gran variedad para que el aficionado se entretenga un buen rato en elegir. Nosotros tomamos un Schloss Gobelsburg Lamm Grüner Veltliner 2004, Kamptal, 44€.  La única pega fue que la temperatura de servicio fue más alta de lo debido a pesar que nos dijeron que estaba sacado de la cava.

El personal de servicio competente y con pinta de llevar muchos kilómetros de sala en sus piernas.  Fue una pena que no estuviera Andrés Conde Laya y no tener la oportunidad de conocerle, pero las vacaciones son algo sagrado.



Buena página web aunque le falta colgar las cartas.

Como dije al principio, el aficionado y amante del vino tiene una cita obligada si va por Santander, y en cuestión gastronómica, aunque hayamos probado poca cosa parece también que es un sitio de total confianza. Para nosotros será un fijo en futuras visitas a la ciudad.


Bodega Cigaleña

Daoiz y Velarde, 19, 39003 Santander
942 21 30 62    www.cigalena.com

sábado, abril 15, 2017

La Barcarola (Navia, Asturias)




Es sorprendente a veces a dónde nos llevan nuestros caminos. Navia es una localidad en la que he estado en el pasado en multitud de ocasiones por cuestiones laborales, pero precisamente un cambio en el devenir de esas cuestiones laborales hizo que mi última visita fuese hace por lo menos 15 años si no más.
Como en esta Semana Santa no marchamos a ningún sitio fuera de Asturias, aprovechamos para hacer una excursión por el tan poco conocido, e incluso olvidado, occidente asturiano.



Una de mis referencias gastronómicas por la información que tenía de Navia era La Barcarola. Situado el restaurante al lado del ayuntamiento en una impresionante casona, el comedor como se puede ver es también muy llamativo y acogedor con sus paredes de piedra y vigas de madera.



Antes de comenzar la descripción de lo probado, comentar que fue una comida familiar con todas las connotaciones que tiene el dato.

Lo primero que nos extrañó es que al leer la carta decía que no aceptaban tarjetas de crédito o débito, cosa que nos confirmó la camarera. Qué menos que si tienes esa política lo avises a la hora de hacer la reserva por teléfono y no hagas encontrarte con ese handicap al cliente, que no se lo espera, obligándole a hacer una colecta de dinero en metálico entre los comensales...
En pleno 2017 solo se me ocurre un motivo para no aceptar tarjetas y tiene que ver con cierta letra del abecedario que no es precisamente la A.

También nos chocó que no pusieran algún aperitivo de la casa. No tienen ninguna obligación, por supuesto, pero es tan habitual actualmente que se hace raro.

Como entrantes pedimos dos tipos distintos. Uno fue la ensalada de ventresca. 13€.  La foto habla por sí sola. Solicitar que el cocinero fuese fusilado al amanecer sería algo drástico pero sí que habría que obligarle a algo como lo que nos hacían los curas en el colegio cuando éramos críos: copiar 1000 veces algo así como "No embadurnaré el producto con salsas de pseudo aceto balsámico o similares a no ser que me lo solicite el cliente".

Un horror que desvirtuaba el sabor de la ventresca y de lo que se le pusiera por delante. Rematadamente mal.



Lo que vino después tampoco mejoró precisamente el despropósito inicial: croquetas caseras. 8€. Algún comensal tuvo la suerte de econtrar algún trozo de ¿gamba? en alguna de las croquetas, pero la mayor parte de ellas eran lo que se ve en la imagen de la derecha, un mazacote con la nada absoluta dentro. De las peores probadas en varios lustros.

Para los platos principales todos los comensales escogieron pescado y probamos dos de los tres disponibles...


Uno fue el bacalao a la plancha con salsa de puerros. 16€. Un claro ejemplo de lo que se podría denominar bacalao-agua: inodoro, incoloro e insípido. Otro comentario no se me ocurre.
La salsa de puerros resultó un engrudo de nata y harina absolutamente prescindible y las patatas de guarnición tenían una pinta más triste que el episodio de la muerte de Chanquete de Verano Azul...


Tampoco quedará para el recuerdo el rape al horno con verduras, 21€, algo chicloso y  no muy jugoso.  Además, yo tengo un concepto un poco distinto del acompañamiento "con verduras" que unas rodajas de tomate y cebolla...
Otra cosa es que en la carta ponía que era rape negro y el camarero cuando nos preguntó que cómo había ido, a nuestra respuesta reconoció que no era rape negro, ya que no lo tenían y habían puesto rape blanco.
Eso se dice a la hora de pedir, campeón, no cuando el cliente se te queja. Por lo menos a la hora de pagar cobraron dos euros menos por plato.

Visto el éxito hasta el momento nadie pidió postre ni absolutamente nada más.


 
La carta de vinos lo mejor de todo. Buena variedad, notándose la mano de Coalla Gourmet. Tomamos Castell d'Encús Ekam 2008 de Costers del Segre, 30€, un perfecto ejemplo para poner a los que dicen que los blancos fuera del año no se pueden beber.

La botella de agua mineral de medio litro, 2€ y 0,90€ el pan.





Página web no tienen, solo una de Facebook que para los que no usamos esa red social no nos permite consultar nada.

Si queda algún lector veterano del blog, es posible que se haya percatado de que llevo algunos años que prácticamente no cuelgo posts de Asturias salvo algunos puntuales, y este es el ejemplo de libro del por qué: para comer peor que en casa, no salgo. Si estás de excursión como en este caso con familia no te queda más remedio, pero si estoy solo con mi mujer, prefiero comer un par de tapas sencillas para llenar el estómago y ya cenaré en casa, como mínimo igual y mucho más barato.
Me he autocensurado unas cuantas veces en el pasado cercano pero a veces no solo hay que contar lo bueno que se encuentra en nuestro Principado, que lo hay, sino también sitios como el que nos ocupa.

Tal vez otros comensales hayan tenido más suerte.

La Barcarola

C/ Las Armas, 15 33710 Nav33710 Navia, Asturias

viernes, marzo 31, 2017

La Hoja 21 (Salamanca)



La noche siguiente de cenar en Tapas 3.0 cambiamos de tercio y fuimos a La Hoja 21 que contrariamente a lo que muchos restaurantes dicen de sí mismos, apuntan que hacen “cocina moderna con toques tradicionales”. 


 
Llegamos antes de las 22 horas, y solo faltaba nuestra mesa y otra por ocupar. Por cierto, nos llamó la
atención todo el fin de semana lo pronto que cenan en Salamanca en comparación con otras ciudades españolas.


  

Como la noche anterior y el mediodía habían sido de pequeños excesos carnívoros nos decidimos esta vez por pescado. Nuestra primera opción para el entrante eran unos lomos de sardina, emulsión de pan y tomates asados, pero no les quedaban. Lo sustituimos por bacalao marinado, naranja, aceituna y un cremoso helado de piquillo. 11,90€.  La foto es la mitad de la ración. Bacalao de primera calidad, bien de sabor y un rico helado de piquillo para acompañar. Para abrir boca, bien.


Uno de los principales fue un lomo de rape con salsa cremosa de foie. 19,90€. Es curioso que al final acabaramos comiendo el mismo producto que en el Bitadorna de Vigo el mes anterior, y decía en el post que no había tenido habitualmente suerte con las preparaciones del rape que había probado a lo largo de los años. Este en concreto no llegaba al fantástico nivel del comido en el Bitadorna pero tampoco resultó un desastre como en tantos otros sitios. Se puede decir que estaba razonablemente bien y acertada la crema de foie y con un precio bastante comedido. 


  Mejor resultó la merluza escaldada con crujiente de farinato. 17€. Merluza de primerísima calidad perfecta de punto y aunque a priori no tenía claro que pegara bien con el crujiente de un producto potente como el farinato, la combinación resultó muy armónica. Muy buen plato.



 
 De nuevo llegamos a los postres. Uno fue una tartita de queso con su helado casero. 6€. Muy rica
la tarta y también el helado. Lo único negativo era que la tarta se comía en poco más de un bocado.




El otro fue el gin tonic con galleta de naranja y jugo de lima. 5,50€. La sorpresa de la noche. Una lograda combinación dulce-ácida, incisiva, y que pedía un bocado tras otro. Muy rico.


 

Para beber tomamos un Belondrade y Lurton 2015. 35€. La carta de vinos es el punto flojo del restaurante. En tintos, cumple pero en blancos es escasa hasta decir basta. Manifiestamente mejorable.

El pan lo ofrecen de dos tipos y al muy razonable  precio de 0,95€ p/p. El personal de servicio algo apresurado, aunque tampoco es extraño viendo el follón que había con bastantes mesas doblando.

La página web es buena y sería perfecta si incluyera la carta de vinos.



En conjunto fue una buena cena en un restaurante que parece de éxito en Salamanca viendo tanto el llenazo como las buenas críticas que tienen en la red. La mía es una más.


La Hoja 21

San Pablo, 21, 37008 Salamanca
923 26 40 28  www.lahoja21.com

viernes, marzo 17, 2017

Tapas 3.0 (Salamanca)



Después de más de una visita fallida a Salamanca en los últimos tiempos, por fin se nos arregló pasar un fin de semana en la maravillosa ciudad leonesa y visitar el Tapas 3.0 del que tantas y tan buenas referencias teníamos. Su chef Jorge Lozano habla de rescatar las antiguas recetas de la cocina salmantina y zamorana con su correspondiente puesta al día, algo que mi diletantismo no me permite juzgar pero que estoy seguro que consigue después de los ricos platos probados.


El local de Tapas 3.0 es difícil que esté mejor situado. A un paso de la plaza Mayor y en plena zona
gastronómica salmantina. La decoración es muy agradable con paredes de piedra y vigas de madera.

Ojeando la carta vemos que se pueden pedir muchos de los platos como medias raciones, haciendo honor al nombre del local, lo que te da la facilidad de poder probar más cosas de lo normal y así lo hicimos.

Comenzamos con las patatas bravas, 3,50€ media, de las que se dice que están entre las 10 mejores de España. No tengo la capacidad de cuestionar esa afirmación pero sí de decir que para nosotros sí que están entre las 10 mejores que hayamos probado. Muy buena fritura y una adictiva salsa. Prueba obligatoria.


 

Seguimos con un canelón de rabo de vaca, boletus y trufa negra. 9€ media. Sabor intenso, potente,
largo… Muy bien.






 
Luego llegaron las  manitas crujientes, mostaza y encurtidos, 5€ media, una sensacional combinación de la grasa de las manitas con la rica salsa de mostaza y el toque agrio de los encurtidos que pedía un bocado tras otro. Se comió en un plis plas.




 
Continuamos el festival cárnico con el cordero adobado y cuchifrito, su jugo al jerez. 7,50€ media.
Para comer un perol de lo bueno que estaba. Tal vez el plato que más nos gustó de la noche además de una buena cantidad para ser media ración.


Y acabamos con el toque más moderno de la noche: pluma ibérica, curry verde, coco y arroz negro frito. 8,50€ media. De este plato no hay foto pero se le pueden aplicar los mismos elogios que a los anteriores.

 
Esta vez llegamos a los postres y mereció la pena aunque tal vez estuvieran un escalón por debajo de los platos salados. Uno fue el postre del chocolater@. 6€. Puro vicio para los amantes del chocolate y muy rico el helado también.



 


El otro fue una tarta de café. 7€ .Notable también.




La carta de vinos no muy extensa pero suficiente y con una representación de varios vinos salmantinos. Nosotros tomamos un Almirez 2014. 23€.  Eso sí, una pequeña crítica: creo que la botella de vino que hay en las mesas, sobra.

El pan de Arapiles, 1,50€. El personal de servicio, eficiente y rápido, a pesar del llenazo que había en el restaurante.

La página web deberían de ponerla como ejemplo de lo que debe ser una web de un restaurante.

No cabe duda que Tapas 3.0 convence claramente. Cocina sabrosa en su máxima expresión y además con el buen detalle apuntado al principio de poder pedir medias raciones de bastantes platos para confeccionar tu propio “menú degustación” de tapas. Se podría decir que es un gastrobar de los que hay tantos últimamente pero aquí se ve bastante más cocina, con mucha base tradicional sin olvidar la innovación y aunque ofreciendo algunos de los típicos platos que se encuentran en estos sitios, yendo varios pasos más allá.
No cabe duda de que es una visita obligada en Salamanca.

Tapas 3.0

Sánchez Barbero, 9, 37002  Salamanca
923 61 96 19 www.tapastrespuntocero.es

viernes, febrero 17, 2017

Bitadorna (Vigo, Pontevedra)



De vuelta a la ciudad en la que pasé varios años de mi vida allá por los lejanos años 80, para cenar la primera noche me decidí  por el  Bitadorna, hermano del restaurante original situado en el puerto de A Guarda. En Vigo ocupa el local en el que antaño estuvo el gran clásico Las Bridas. Su cocina, como casi no podría ser de otra forma, está basada en los productos del mar aunque también tiene una buena representación de diferentes carnes.

El local es muy agradable, muy bien iluminado, todo un contraste de cuando estaba Las Bridas. A la entrada tienen una barra con unas mesas altas que sí estuvieron ocupadas toda la velada, al contrario que el comedor en el que cenamos solos hasta las 23 horas que ocuparon otra mesa. Realmente muy poco para un restaurante con fama y reseñado en las guías gastronómicas, de muy buen nivel como demostraron y en la ciudad más grande de Galicia de un tamaño muy considerable. Una pena.

Como otras veces, pido disculpas por la baja calidad de las fotos ya que fueron tomadas sin flash.

 De aperitivo invitación de la casa nos sirvieron un magnífico pastel de rape con las mejores tostas que recuerdo en muchos años, sino de siempre. Además la ración era abundante e incluso superior a muchos pasteles de pescado de este tipo que se piden en otros restaurantes en carta. De diez.




El entrante que pedimos fue un pulpo marinado con aceite de Baena. 12€. Fantástico. El mejor que recuerdo en este estilo de preparación del pulpo, en textura y sabor. Enhorabuena a la cocina.




 Para los platos principales escogimos pescado. Las delicias de merluza con camisa de vieiras, 18,50€, no solo tenían una merluza de excelente calidad sino que además la salsa ¿holandesa? que las recubría estaba para mojar varios kilos de pan. Puede parecer un plato de otros tiempos gastronómicos pero visto el resultado esto es irrelevante. Un platazo de un sabor magnífico y gran disfrute.


El otro principal fue el rape a la gallega. 22,50€. Proponían varias preparaciones para el rape pero me decidí por esta y el acierto fue total. Me gusta mucho el rape (pixín en Asturias) y lo solía pedir cuando lo veía en carta pero hace ya un tiempo que no lo hacía después de bastantes experiencias resultantes en comer invariablemente un engrudo gomoso o excesivamente pasado. Aquí me atreví y me encontré con probablemente el mejor rape que recuerdo en lustros, perfecto de punto, sabroso, en una considerable ración y con una salsa en su punto, ni muy fuerte ni muy suave. También muy ricas las patatas que lo acompañaban. Cocina tradicional gallega en su mejor expresión.

 Aunque últimamente no solemos comer postre esta vez nos decidimos a pedir la crema de tetilla a modo de tiramisú con teja de nueces, 6,50€, que nos recomendaron y sin duda fue atinada. Sensacional de sabor y se puede comentar algo parecido a la salsa a la gallega del rape: ni muy dulce ni muy insípida. También muy rica la teja de nueces.



 La carta de vinos no muy amplia pero con suficientes referencias para escoger e incluso con algunas muy poco vistas. Tomamos un Dávila Barrica M-100 2009, 25€, estupendo. Perfecto para que lo probaran esos que dicen que el albariño tiene que ser del año a ver que opinaban…

El pan, 1,50€ c/u, muy bueno también. El camarero, un profesional de los que se nota que tienen muchas horas de sala encima, sabiendo como aconsejar perfectamente.


La página web tiene un diseño tal vez anticuado, pero por lo menos tiene abundante información y después de consultarla se sabe claramente qué te puedes encontrar.

Cuando hago un post sobre un restaurante del que no me ha gustado lo que comí suelo decir que la crítica se refiere a esa comida/cena en concreto y no juzgo la trayectoria de la casa. Aquí digo lo mismo. Tal vez la opinión tan favorable se debe a que acertamos con los platos que pedimos en esta cena pero está claro que se barrunta que en este restaurante hay buen producto y buena cocina, sin florituras, pero sólida y tratando muy bien a ese producto. Supongo que tardaré un tiempo en volver por Vigo pero sin duda tengo un nombre fijo en la lista para comer y se lo recomiendo a quien quiera disfrutar de una buena comida de siempre.

Bitadorna

Ecuador, 56, 36203 Vigo (Pontevedra)
986 136 951   www.bitadorna.com